El caballo
La relación entre el hombre y el caballo empezó a principios de la edad de piedra. Se cazaba. La carne se comía, con la piel se hacían sus prendas y con los huesos se fabricaban armas, utensilios de “cocina”, etc. A pesar de ello se cazaba poco ya que es un animal muy rápido y ágil y había bastante pocos. Esto queda demostrado ya que se han encontrado algunos restos de huesos y por los dibujos en las cuevas como las de Lascaux o Altamira.

Pero también había tribus que veían el caballo como un totem (su animal sagrado), al cual no cazaban. Sólo lo sacrificaban en sus fiestas religiosas y al comer de su carne pensaban que les daba fuerza sobrehumana.
Los primeros en empezar a domesticar al caballo fueron los ucranios en el 4. siglo antes de cristo. Luego también se domesticó en Asia y luego ya en Europa. La domesticación del caballo salvaje se puede ver como una simbiosis. Los humanos protegían al caballo y le daban de comer y el caballo servía como método de transporte de personas y/o cosas pesadas que no podía transportar el hombre.
En el siglo 2 a. de C. el caballo alcanzó su plena importancia, se tenía como animal de compañía. Los primeros en tener caballería eran los griegos, pero luego les copiaron los demás. Ya no veían el caballo como un medio de transporte, sino como algo más. En el año 360 a. de C. un general griego, Xenophon, escribió un libro sobre el trato con el caballo. Una de sus citas más famosas es la siguiente: “Algo tan bonito, imponente, atractivo, admirable es un caballo alzándose en dos patas, que ata la mirada de cualquiera, sea joven o mayor; ni uno se va a ir o cansarse mientras que el caballo se enseñe en su esplendor” Algunas de las teorías de Xenophon se siguen utilizando hoy en día.
Los romanos, en cambio, eran mucho más brutales con los caballos y todo el arte de montar se perdió. Pero poco a poco fueron aprendiendo y los utilizaban cada vez más. Sobre todo los utilizaban como animal de carga pero también tenían caballería y hacían las carreras de carros. También se comían.
En el siglo XVII los españoles llevaron los caballos a América. Y entre que se escapaban algunos y los cogían los Indios y los que robaban, los Indios también empezaron a tener caballos, a criarlos y a montarlos. Hasta el punto que el caballo llegó e ser su posesión más preciada. Aunque en el siglo XVIII los Indios casi fueron “extinguídos”, el siglo que tenían el caballo, lo aprovecharon al máximo. Algunos pasaban más horas encima del caballo que sobre sus propios pies.
También los Mongoles, los Árabes y los templarios sacaban mucho provecho del caballo, cada uno de su manera. Todos empezaban a criarlos y a mejorarlos según para lo que los querían. A partir de allí se empezaron a formar las distintas razas.
Después de la industrialización el caballo perdío toda su importancia. En todo se utilizaba la máquina. Ya no hacía falta. Y, hasta que no se empezó a ver como animal de compañía y de tiempo libre y se desarrollaron algunos deportes a caballo como el polo, no volvió a adquirir importancia.
Hoy en día ya solo se utiliza como animal de trabajo en los países más pobres o en sitios en los que no se llega con los tractores. En cambio se han desarrollado las diferentes domas como la clásica, vaquera… Dos de las escuelas más importantes de doma están en Wiena y en Jerez, en dónde se dedican exclusivamente a la doma del caballo.
Para mí uno de los mejores sentimientos es cuando vas galopando por una esplanada en el campo y derrepente sientes que el caballo se estira lo máximo que puede y ves las patas a ambos lados del cuello y parece que ya ni siquiera tocan suelo. Es como si en cualquier momento quisiera despegar y volar. Es un sentimiento de plena libertad. Te olvidas de todas las preocupaciones y solo sientes felicidad.
Es el animal más noble, elegante y bonito y como dice una cita ” De todas las conquistas que ha hecho el hombre, la mayor ha sido la de ganarse la confianza del caballo”
