La Capadocia, un privilegio de la naturaleza
La Capadocia es un privilegiado entorno natural que se encuentra en pleno centro de Turquía, a medio camino entre Europa y Asia. Se trata de una región que abarca aproximadamente 50 kilómetros de diámetro y está considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su demarcación supone un punto turístico muy demandado, aunque a su vez muy limitado. Hay que tener en cuenta que por la Capadocia no atraviesa ninguna carretera y, de hecho, los turistas acceden a ella transportándose en globo.
El interés es de lo más lógico al ver el aspecto que presenta el lugar. La erosión ha trabajado formas indescriptibles de lo más peculiares en la tierra y sus paisajes montañosos, formando innumerables cuevas y pasadizos. El atractivo del lugar aumenta todavía más al ver cómo las civilizaciones que han pasado por allí, y donde aún habitan aproximadamente un millón de personas, han aprovechado su geografía para construir ciudades subterráneas irrepetibles en ningún otro lugar del mundo. El hombre supo hacer en la Capadocia, muchos siglos atrás, casas en las cavernas y pasadizos subterráneos que comunicaban unos lugares con otros, de manera que podía vivir aislados dentro de las montañas durante el invierno. Se han encontrado en su interior respiraderos comunes, iglesias, comercios… y todo bajo una ciudad subterránea. La imaginación llevada a su máxima expresión.
![]()

El caballo
La relación entre el hombre y el caballo empezó a principios de la edad de piedra. Se cazaba. La carne se comía, con la piel se hacían sus prendas y con los huesos se fabricaban armas, utensilios de “cocina”, etc. A pesar de ello se cazaba poco ya que es un animal muy rápido y ágil y había bastante pocos. Esto queda demostrado ya que se han encontrado algunos restos de huesos y por los dibujos en las cuevas como las de Lascaux o Altamira.

Pero también había tribus que veían el caballo como un totem (su animal sagrado), al cual no cazaban. Sólo lo sacrificaban en sus fiestas religiosas y al comer de su carne pensaban que les daba fuerza sobrehumana.
Los primeros en empezar a domesticar al caballo fueron los ucranios en el 4. siglo antes de cristo. Luego también se domesticó en Asia y luego ya en Europa. La domesticación del caballo salvaje se puede ver como una simbiosis. Los humanos protegían al caballo y le daban de comer y el caballo servía como método de transporte de personas y/o cosas pesadas que no podía transportar el hombre.
En el siglo 2 a. de C. el caballo alcanzó su plena importancia, se tenía como animal de compañía. Los primeros en tener caballería eran los griegos, pero luego les copiaron los demás. Ya no veían el caballo como un medio de transporte, sino como algo más. En el año 360 a. de C. un general griego, Xenophon, escribió un libro sobre el trato con el caballo. Una de sus citas más famosas es la siguiente: “Algo tan bonito, imponente, atractivo, admirable es un caballo alzándose en dos patas, que ata la mirada de cualquiera, sea joven o mayor; ni uno se va a ir o cansarse mientras que el caballo se enseñe en su esplendor” Algunas de las teorías de Xenophon se siguen utilizando hoy en día.
Los romanos, en cambio, eran mucho más brutales con los caballos y todo el arte de montar se perdió. Pero poco a poco fueron aprendiendo y los utilizaban cada vez más. Sobre todo los utilizaban como animal de carga pero también tenían caballería y hacían las carreras de carros. También se comían.
En el siglo XVII los españoles llevaron los caballos a América. Y entre que se escapaban algunos y los cogían los Indios y los que robaban, los Indios también empezaron a tener caballos, a criarlos y a montarlos. Hasta el punto que el caballo llegó e ser su posesión más preciada. Aunque en el siglo XVIII los Indios casi fueron “extinguídos”, el siglo que tenían el caballo, lo aprovecharon al máximo. Algunos pasaban más horas encima del caballo que sobre sus propios pies.
También los Mongoles, los Árabes y los templarios sacaban mucho provecho del caballo, cada uno de su manera. Todos empezaban a criarlos y a mejorarlos según para lo que los querían. A partir de allí se empezaron a formar las distintas razas.
Después de la industrialización el caballo perdío toda su importancia. En todo se utilizaba la máquina. Ya no hacía falta. Y, hasta que no se empezó a ver como animal de compañía y de tiempo libre y se desarrollaron algunos deportes a caballo como el polo, no volvió a adquirir importancia.
Hoy en día ya solo se utiliza como animal de trabajo en los países más pobres o en sitios en los que no se llega con los tractores. En cambio se han desarrollado las diferentes domas como la clásica, vaquera… Dos de las escuelas más importantes de doma están en Wiena y en Jerez, en dónde se dedican exclusivamente a la doma del caballo.
Para mí uno de los mejores sentimientos es cuando vas galopando por una esplanada en el campo y derrepente sientes que el caballo se estira lo máximo que puede y ves las patas a ambos lados del cuello y parece que ya ni siquiera tocan suelo. Es como si en cualquier momento quisiera despegar y volar. Es un sentimiento de plena libertad. Te olvidas de todas las preocupaciones y solo sientes felicidad.
Es el animal más noble, elegante y bonito y como dice una cita ” De todas las conquistas que ha hecho el hombre, la mayor ha sido la de ganarse la confianza del caballo”

Posidonia oceánica
Desde siempre los mayores productores de CO2 eran las selvas (árboles). ¿O… no es así? Resulta que la planta que más oxígeno libera es una planta que vive en los fondos marinos. Estas plantas forman los denominados bosques oceánicos. Crecen solamente dos centímetros por año.

No es una alga, ya que las algas crecen en fondos rocosos y la Posidonia en fondos arenosos de hasta cuarenta metros de profundidad. Tiene la tendencia de formar praderas marinas y pertenece a los Angiospermas (árboles con frutos) y a la familia Posidoniaceae. La especie más común en el Mediterráneo es la Posidonia oceánica, la cual es el organismo vivo más grande del mundo. En las islas Baleares existe un ejemplar que mide ocho kilómetros, lo que suponque que tiene unos cien mil años. Por su lento crecimiento y escasa producción de semillas, estos ecosistemas se encuentran en regresión, hasta el nivel que su tasa de perdida es cuatro veces mayor que la de los bosques tropicales.
Aparte de aportar oxígeno, la Posidonia absorbe las sustancias que están suspendidas en el agua, por lo que lo filtra y lo mantiene transparente. Sirve de refugio y hábitat para muchas especies ya que es capaz de multiplicar la superficie del suelo entre 20 y 50 veces.
Estas bolitas que se suelen encontrar en las playas, de las que solemos quejarnos, son los restos muertos de las Posidonias. Contrario a lo que pensamos ayudan a conservar la playa, ya que sin ellas toda la arena sería arrastrada al mar por las olas.
También se cree que fue la Posidonia que ayudó a formar la atmósfera tal y como está ahora.
Para mí, era una planta desconocida, nunca pensé que podría tener tanta importancia e interés, y ahora, habiéndome informado un poco veo que aparte de todos sus beneficios, una gran parte del oxígeno que respiramos se lo debemos a ella. Creo que deberíamos conservarla lo mejor posible y no destruírla cada vez más, tal y como lo estamos haciendo ahora.
¿Por qué el cielo es azul?
El cielo es azul y esto lo sabemos todos. Pero, ¿por qué?. Antes de escribir esta entrada e informarme al respecto yo tampoco hubiera podido contestar a esta pregunta, pero creo que es algo que deberíamos saber, así que aquí va la primera entrada de este blog:
Evidentemente los rayos solares no son azules, por lo que suponemos que algo tiene que pasar con la luz desde que entra en la atmósfera hasta que llega a nuestros ojos. Al mismo tiempo nos podríamos preguntar porque es rojo al amanecer y atardecer.
El color del cielo es debido a una interacción de la luz solar con la humedad de la atmósfera.
La luz solar es blanca (también llamada policromática; que son todos los colores del arco iris). Al pasar la atmósfera la luz tiene que atravesar el aire para llegar hasta nosotros. Según se va acercando a la superficie terrestre, las partículas del aire están mas densas. Cada color tiene una longitud de onda y según ella una desviación y así que hay rayos de luz de todos los colores del arco iris. El azul y el violeta son los que tienen la longitud de onda más corta, por lo que al chocarse con las partículas del aire, la desviación es máxima. Cada vez que los rayos azules/violetas chocan con las partículas del aire se desvían y así sucesivamente hasta llegar a la superficie terrestre. Al llegar a nuestros ojos, no parece que los rayos procedan del sol, sino del cielo entero. Según esta teoría el cielo debería ser violeta ya que tiene una longitud de onda más corta que la azul, pero hay mucha más luz solar violeta que azul y nuestros ojos son más sensibles a la luz azul que a la violeta.
Los rayos amarillos y rojos en cambio tienen una longitud de onda mucho más larga, por lo que casi no sufren desviación por las partículas del aire y van directamente del sol a nuestros ojos, lo que nos hace ver el sol de un color amarillo.
Al anochecer/amanecer hay más posibilidades que la luz solar se desvíe porque en el camino que recorre las partículas del aire están más densas. En estas condiciones los rayos solares sufren mucha más desviación y ni el amarillo llega en línea recta desde el sol a la superficie terrestre. El rojo es ya el único color que no se desvía. Por lo que el cielo parece ser amarillento y el sol rojizo.
Al llegar los rayos solares a la superficie terrestre, cada artefacto refleja una longitud de onda específica y las demás las absorbe. La luz de la longitud de onda reflejada es la que va a determinar el color de dicho objeto, por ejemplo las hojas de los árboles reflejan el verde y absorben los demás colores, por lo que parecen verdes, etc…
El blanco se da si un objeto refleja todos los colores y el negro si los absorbe.


